viernes, 19 de julio de 2019

La casa gris

Una señora, al caminar por la ciudad se extravió entre unas calles distintas que no reconocía haber pasado por ellas. Viendo unas casas muy lindas se quedó contemplándolas percatándose de que en una de ellas había un pequeño letrero de que solicitaban una empleada doméstica para limpieza y cuidado durante los fines de semana. La señora que estaba desempleada, en ese momento aprovechó la oportunidad subiendo a la galería e inmediatamente al tocar la puerta, le contestó una voz de anciana “Venga el viernes, el trabajo es suyo”  La señora sorprendida de lo rápido que le contestaron le afirmó “Muchas gracias, aquí estaré” Al salir de la calle, pronto supo donde estaba y se marchó contenta.

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Ese viernes la señora quiso buscar la calle donde estuvo, pero no la encontró con facilidad. En un momento de distracción observó a lo lejos la casa gris donde estuvo a principios de semana y se dirigió con su funda de almohada llena de sus ropas. Al subir la galería se encontró con una nota donde se le explicaba “Doña, nos fuimos, abra la puerta y siéntase en su casa. Llegamos el domingo” La señora lentamente abrió la puerta, descubriendo el mundo oscuro que reinaba dentro de la casa. Poca luz y un ambiente frío. Muebles viejos, cuadros antiguos, vitrinas y adornos antiquísimos. La señora gradualmente iba viendo todo el polvo que arropaba dicha vivienda y se dijo a sí misma “Para limpiar esto, tendría que quedarme eternamente”.

Luego de inspeccionar la vivienda salió a la galería y observó que a su derecha había un taller eléctrico y su izquierda un colmado. Pocas casas residenciales quedaban por esa extraña y olvidada calle. En el taller los ruidos eran fuertes, entre choques de metales, chispas eléctricas y bachata de viejos tiempos. El colmado era más ruidoso, el bullicio de los clientes solicitando los productos necesarios y las carcajadas del que despachaba las mercancías. La Doña fue sintiendo más confianza en aquella galería viendo como todo a su alrededor le fue agradando lentamente y así de una vez por todas entró a la casa a trabajar.

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El día pasó bien rápido hasta que llegó la noche y todos en la calle se marcharon. La electrónica cerró e igual el colmado. La oscuridad atrapó la calle y la señora se dio cuenta de que no habían bombillos, ni nada eléctrico en la casa, solo lámparas. Las encendió, una en la habitación principal y la otra en la sala. Por primera vez en muchos años la señora sintió algo distinto en su pensar. Llegó el miedo en plena noche, en una casa extraña, y oscura. El silencio absoluto de la calle le llamó la atención, asomándose por los cristales de la puerta, no vio a nadie caminar, ni siquiera el viento soplaba y así se quedó. Desde afuera se podía notar su figura de entre las luces que traspasaban los cristales por la lámpara.

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Entre aquel silencio las luces interiores fueron creciendo de una forma inexplicable. Desde la galería se podía sentir salir un calor y un olor extraño.

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La extraña luz dentro de la casa era tan fuerte que podía salir incluso por el borde de la puerta de entrada y la vez una vibración aumentando lentamente.

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Al día siguiente al amanecer todo fue como de costumbre para la calle. En la electrónica trabajaban con sus chispazos de ruidos de metales , el colmado lleno de clientes con necesidades hambrientas, las carcajadas del pulpero y entre estos, el solar donde una vez estuvo la casa. La señora había desaparecido para siempre. La casa gris se la llevó a otro tiempo como a las otras personas desaparecidas que en diferentes formas se fueron.

5 comentarios:

  1. Que agradable narraciòn, gracias por compartirla!

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  2. Me encanta! Esas galerías laterales y largas a la sombra del sopor de las 2 de la tarde en cualquier casa de Los Pepines dan para ir y volver a otras dimensiones ��

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  3. Este cuento es un viaje en el tiempo. Gracias por compartirlo.

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  4. Me encantó la narrativa de la descripción y suspenso que mantuvo mi atención en todo momento. Gracias por compartirlo!

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  5. Hola Miguel. Mucho tiempo sin comentarte y sin comentarme, no me olvidé de ti, pero si estuve casi dos años alejada del blog. Fue difícil para mí, ya he vuelto y entré en tus letras y en tu música, aunque también vi como NO me tienes en tus blogs que lees, con lo que te gustaban mis letras...
    Me gustaría que estuvieras bien y que sigas con ese carisma cariñoso tuyo que te identificaba. Me alegro de pasar por aquí. Un abrazote de esos eternos aunque no se den, el corazón no tiene brazos pero da abrazos y esos son los mejores. Cinta Carola.

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